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Los jóvenes científicos colombianos: entre la pauperización o la fuga

Cuando volví a Colombia a cumplir mis compromisos con Colfuturo, después de hacer una maestría en Holanda, me enfrenté con una realidad que me iba enfermando.

José Luis Múnera
Foto en Unsplash

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Los avances tecnológicos propiciados por la ciencia han permitido a los humanos controlar y modificar la naturaleza de una forma jamás antes vista en la historia de nuestro planeta. Esos avances son también responsables por la crisis civilizatoria que hoy enfrenta la humanidad. El motor de combustión, el bulldozer o los agroquímicos para citar algunos ejemplos.  Sin embargo, la ciencia está llamada a sacarnos de la encrucijada del cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la propagación de pandemias. En países exportadores de materias primas como Colombia, la ciencia debe contribuir con la producción de bienes complejos para superar el subdesarrollo.

La ciencia la hacen personas que se especializan en medios académicos muy competitivos. Gran parte de las publicaciones científicas proviene de estudiantes de doctorado, la etapa de formación superior en la cual se enseñan metodologías para ahondar en lo desconocido de cada disciplina. El mar del conocimiento humano avanza a gotas, el cual tarda años en producirse y a menudo es parido con dolor. No es raro que las conclusiones de un proyecto largo de investigación lleven al mismo punto de partida, pero con la certeza de saber qué camino no volver a tomar. Sin embargo, la opinión pública o los burócratas que manejan los presupuestos de investigación no han estado expuestos al proceso científico, y por eso es común que presionen por hallazgos que a menudo deben ser ostentosos.

Durante los dos gobiernos de Santos hubo nueve directores de Colciencias5. Así es bien difícil pensar en una política a largo plazo.

Varios estudios aseguran que las tasas de ansiedad y depresión entre los estudiantes de doctorado son mayores que las de la población general1,2. Entre las causas de ansiedad y depresión están los estrictos sistemas de medición de desempeño (incluyen el número de publicaciones, citas, asistencias a eventos científicos, etcétera), el acoso por parte de colegas y superiores, y la financiación. En Colombia poco o nada se dice del bienestar de los doctorandos y de los científicos. En el país el número de doctores por millón de habitantes se duplicó desde el 2014 a 2019, pasando de 8.2 a 16 doctores por millón de habitantes3. A pesar del esfuerzo, el número sigue siendo bajo en comparación con otros países de Latinoamérica, pero suficiente para escuchar por todos los medios los aplausos a las instituciones que financian la ciencia como Colciencias, Colfuturo o Icetex. No quiero negar los aportes de dichas instituciones, pero la adulación constante en nada ayudará al desarrollo de la ciencia colombiana y contribuirá más a la frustración que experimentan muchos científicos jóvenes.

Hay gran reconocimiento cuando un banquero, un gran industrial o el Estado aportan dinero para la ciencia. Pero se ignora en la opinión pública la gran contribución de los individuos y de sus familias, en gran mayoría de clase media. Muchos beneficiarios de las becas o créditos becas deben cubrir su sostenimiento mientras llegan los primeros giros, lo cual puede tardar varios meses. Suena trivial, pero para muchos no lo es, especialmente para los estudiantes de familias de bajos recursos. La seguridad social corre por cuenta de los beneficiarios de dichos programas. Algunos estudiantes logran asegurar un estipendio de sostenimiento, pero al no hacer parte de proyectos macro, no tienen acceso a reactivos u otros recursos para análisis de laboratorio, lo cual limita el alcance de sus proyectos. Otros estudiantes deben asumir de su bolsillo los gastos de publicación cuando optan por revistas de acceso abierto, lo cual ronda los 1700 dólares en una revista de prestigio. Algunos estudiantes hacen su doctorado y trabajan a la vez, lo cual es laudable, pero para un país que quiere desarrollar su ciencia no es bueno. Un doctorado debería ser un trabajo en sí, con todo lo que esto implica. Los riesgos cambiarios cuando se financian estudios en el exterior los asume el estudiante en muchos casos.  Fuera de eso las exigencias para obtener las condonaciones son a menudo muy altas, y el precio que pagan los científicos con su salud emocional es alto.

A Colombia le faltan científicos. Eso está sobre diagnosticado. Sin embargo, el presupuesto de la ciencia, tecnología e innovación no permite concluir que exista en Colombia una política de Estado que contribuya a la superación del atraso. Si bien el presupuesto de 2020 es un 10% mayor que el de 2010, es también 10.5% menor que el de 20134. Durante los dos gobiernos de Santos hubo nueve directores de Colciencias5. Así es bien difícil pensar en una política a largo plazo. Aún es temprano para juzgar el gobierno de Duque, pero el presupuesto de 2020 no promete mucho, así haya creado el Ministerio de la Ciencia, Tecnología e Innovación. 

Cuando volví a Colombia a cumplir mis compromisos con Colfuturo, después de hacer una maestría en Holanda, me enfrenté con una realidad que me iba enfermando. Cuando tomé mi crédito-beca en dólares, la divisa estaba alrededor de 2000 pesos y cuando empecé a pagar estaba en 3000. Mi obligación, que ya era cuantiosa, se multiplicó. El trabajo que conseguí, aunque bueno, en era científico. Gran parte del sueldo se iba en las cuotas. La idea de someterme a más créditos para continuar mi carrera científica me daba pánico. Tuve la fortuna de encontrar un proyecto en Noruega, donde pude desarrollar mi carrera científica y pagar todo lo que debía. Me convertí en un cerebro fugado, y aunque que me gustaría desarrollar proyectos de investigación en mi tierra, se me revuelcan las tripas al pensar en la posibilidad de someterme de nuevo al sistema colombiano.

Admiro mucho a los que a pesar de todo hacen su carrera científica en Colombia. En nuestra cultura la viveza es más efectiva que la meritocracia para conseguir ascenso social. El quehacer científico y la educación superior están banalizados. Parte de la culpa la tienen políticos sin escrúpulos, que tras un curso de dos semanas y/o ayuda de notarios amigos, obtienen credenciales que no tienen. A pesar de no ser un país con una tradición científica fuerte, la ciencia ha hecho parte de nuestro relato histórico de nación. Deberíamos privilegiar un relato científico, superar el militarista, y hacer un pacto social que le dé al conocimiento el lugar que merece en nuestra sociedad. Se vienen tiempos muy difíciles en materia económica y sería una lástima que entre los primeros sacrificados se encuentre el presupuesto para la ciencia, justo cuando más se necesita.

1https://doi.org/10.1016/j.respol.2017.02.008

2https://www.nature.com/articles/d41586-019-03489-1

3https://www.elespectador.com/noticias/educacion/en-colombia-hay-16-doctores-graduados-por-cada-millon-de-habitantes-articulo-870401

4https://minciencias.gov.co/la-ciencia-en-cifras/presupuesto-colciencias5https://www.elheraldo.co/ciencia/van-nueve-directores-de-colciencias-en-el-gobierno-de-santos-446538

José Luis Múnera

Investigador en ciencias ambientales y agricultura.

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