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Facebook Inc: el guardián de la democracia y de la libre expresión en el siglo XXI

Por más de que Mark y su pandilla digan que es una medida no democrática, lo único que hace es, precisamente, favorecer la democracia.

Santiago Giraldo Luque
Libertad de expresión

Libertad de expresión. Imagen de Rajesh Balouria en Pixabay

Mark Zuckerberg no es periodista. Por eso llama la atención que sea él y su empresa, Facebook Inc, quien decida qué contenidos son adecuados para los usuarios-ciudadanos. Él decidió, por ejemplo, en beneficio de la “libertad de expresión”, no censurar los comentarios y las mentiras de Donald Trump, a pesar de que según PolityFact en un análisis realizado de casi 850 declaraciones del presidente, más del 70% de sus declaraciones tienen contenido falseado. También decidió, por ejemplo, bloquear la cuenta de Alain Cocq, el ciudadano francés que el 5 de septiembre, afectado por una enfermedad incurable, decidió interrumpir su tratamiento médico para dejarse morir en directo y así reclamar el derecho a una muerte digna.

Según la empresa, las medidas en contra de la cuenta de Cocq se tomaron de acuerdo a las reglas de la plataforma que no permiten la representación de “tentativas de suicidio”. Asimismo, según Zuckerberg, bloquear a Trump sería convertir a Facebook en un “árbitro de la verdad”. El tercer hombre más rico del mundo, de acuerdo a la lista de billonarios de Bloomberg, establece así un criterio ético sobre lo que más de 4000 millones de usuarios pueden encontrar en su red. Dentro de ella fue fácil encontrar, por ejemplo, vídeos de terroristas que transmitían sus atentados en directo o promociones de series de Netflix que, en un juego de realidad y ficción incitan –o no, no sabemos el criterio de Mark– la práctica del propio suicidio, o dan promoción a acciones terroristas cometidas por grandes narcos (como Escobar) u organizaciones armadas (como ETA).

Sobra decir que en Instagram, Facebook y, sobre todo, WhatsApp, circula la mayor cantidad de mentiras o noticias falsas de la historia de la humanidad sin que su preocupación por el “arbitrio de la verdad” se vea alterada.

En un acto más de libertad de expresión, Zuckerberg despidió de Facebook a Brandon Dail, un empleado de la compañía que criticó públicamente la postura del empresario de Silicon Valley sobre el caso Trump.

Sobra decir que en Instagram, Facebook y, sobre todo, WhatsApp, circula la mayor cantidad de mentiras o noticias falsas de la historia de la humanidad sin que su preocupación por el “arbitrio de la verdad” se vea alterada. Es libertad de expresión, según puede deducirse de sus escuetas comunicaciones públicas y de las declaraciones sorprendentes ante el Congreso de los Estados Unidos: “Facebook representa un conjunto de principios básicos que dan voz a las personas y oportunidades económicas (…) Y a medida que aumenta la competencia global no hay garantía de que nuestros valores triunfen”. 

En los últimos días, Facebook se ha presentado de nuevo como el defensor de la democracia y de la libertad de expresión. Es más, ha declarado temerariamente que la empresa ha hecho un bien a los medios de comunicación. Es su reacción a la iniciativa legislativa australiana que pretende que redes como Facebook y Google paguen a los medios de comunicación si quieren usar su contenido.

Los medios perdieron durante las dos décadas pasadas su centro publicitario, que pasó a ser propiedad de las plataformas tecnológicas. Ahora, ellos deben incluso hasta pagar a Zuckerberg para que su contenido sea priorizado.

La iniciativa, casi desapercibida en el universo mediático, puede redefinir el mercado de la información, así Facebook Inc diga que a ella esos ingresos derivados de los medios no le genera un gran beneficio. Jesper Doub, director de relaciones con los medios de Facebook, manifestó a El País que esa medida “sería muy desafortunada porque castiga a los usuarios y perjudica al periodismo. Queremos periodismo en la plataforma no porque sea importante comercialmente y ganemos dinero con él, sino porque es importante para los usuarios, los debates y la democracia”. 

A pesar de que la medida responde a la guerra entre bloques económicos, plataformas y medios tradicionales, puede ser el camino para fortalecer económica y cualitativamente al periodismo y, al mismo tiempo, para detener el impulso actual de la proliferación de las mentiras o fake news

Los medios perdieron durante las dos décadas pasadas su centro publicitario, que pasó a ser propiedad de las plataformas tecnológicas. Ahora, ellos deben incluso hasta pagar a Zuckerberg para que su contenido sea priorizado. Con la nueva medida los usuarios pueden volver a las cabeceras –tradicionales o no, pero que sobrevivirán por su calidad– para poder adquirir información. Así, el reparto del pastel publicitario puede ser un poco menos concentrado y ayudaría a combatir el mal de toda democracia y mercado liberal: los monopolios informativos, ese modelo y valores que tanto le gustan a Mark, que hoy representan cinco empresas: Facebook Inc, Alphabet, Tencent, ByteDance y Sina Corporation.

Al mismo tiempo, a mayor ingreso publicitario la calidad de los productos será mejor. Primero porque los medios podrán volver a pagar salarios a los periodistas. Segundo, porque la competencia por el click bait (el anzuelo de la red) puede disminuir. Tercero, porque no será Zuckerberg y sus algoritmos –que no sabemos cómo piensan–, los que decidan las líneas editoriales de lo que vemos. Serán los usuarios que conocen las líneas editoriales, los que deciden qué leen. Cuarto, porque los usuarios podrán identificar la fuente de la información de inmediato. Quinto, porque los usuarios preferirán la información confiable, identificarán puntos de vista y el proceso editorial de definición de contenidos no será realizado por un ingeniero, sino por un periodista, es decir, por un profesional de la información.

Por último, si no se pueden difundir noticias por las redes sociales o Google, la barrera para las mentiras se multiplica. Los bots y otros generadores y difusores de noticias falsas no tendrán un canal al que pudieran acceder para difundir su información dañina y, al mismo tiempo, los procesos de calidad que tendrían que suplir para competir con los medios serían muy costosos. 

Así que, por más de que Mark y su pandilla digan que es una medida no democrática, lo único que hace es precisamente favorecer la democracia. Por una parte, hará que las personas que buscan información salgan de sus plataformas y busquen alternativas, con lo cual se aumenta el debate público. Con ello, a su vez, se contribuirá a la democratización del consumo de plataformas. Por otra parte, serán los periodistas, no lo algoritmos, bots o mercados publicitarios guiados, –no olvidar a Cambridge Analytica, muy democrática, por cierto– quienes volverán a tener mayor incidencia sobre la agenda y la opinión pública.

Quizás son esos puntos de eliminación del control social los que, en realidad, preocupan a la cuenta bancaria de Zuckerberg. No entran, desde luego, en sus valores sobre su concepto de “libertad de expresión”.

Santiago Giraldo Luque

Politólogo y periodista. Profesor de periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona

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