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La conjugación verbal que solo existe en la imaginación

En Colombia se dice “hubiera”, en España se dice “hubiese” y en cualquiera de los dos países estamos ante un café, sentados como imbéciles mirando por la ventana, tratando de dibujar un universo infinito de posibilidades.

Zulma Sierra Bedoya
Destinos

Destinos. Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Esta semana me detuve a ver el vídeo de La balada de Cleopatra de The Lumineers. Que sí, que el vídeo no es nuevo y que llevo años escuchando a este grupo cada vez que pongo a rodar la dosis de música indie que necesito algunos días, pero no. No había visto el vídeo. Pues bien, esta vez hice más caso a la imagen que a las melodías y quedé fascinada con la historia. Son 24 minutos en los que se concatenan tres historias: la de una chica que asiste al funeral de su padre, pero realmente quiere salir corriendo de allí para huir con su novio; la de la misma chica transformada en una mujer casada, embarazada e infeliz y finalmente, la metamorfosis en mujer mayor, dueña de un taxi, al que se suben toda suerte de personajes con sus propios relatos. La pregunta central de toda la trama es la misma: ¿qué hubiera pasado si en vez de quedarse a velar a su papá, aquella muchacha se hubiera ido con su novio a vivir la vida que realmente deseaba en aquel momento? ¿qué hubiera pasado si…?

Un señor de apellido Renouvier acuñó el término “ucronía” para describir esas ficciones que toman prestado un poquito de realidad y la transforman en algo que no ha existido ni podrá existir.

El cine y la literatura han tratado de dar respuesta a esa pregunta haciendo guiños a hechos históricos o inventando realidades paralelas. ¿Qué hubiera pasado si Roosevelt perdiera las elecciones de 1940 y ascendiera al poder un partidario del nazismo como Charles Lindbergh? Se preguntaba Philip Roth en La conjura contra América. Y el resultado es una sociedad que vuelca toda su rabia contra los judíos y da la espalda a una Europa hundida en la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué hubiera pasado si el personaje interpretado por Gwyneth Paltrow en la película Sliding Doors hubiera tomado un tren y no otro? Pues que su vida se bifurcaba y ella nunca conocería sus otras opciones, aunque los espectadores sí éramos testigos de excepción. 

En 1876 un señor de apellido Renouvier acuñó el término “ucronía” para describir esas ficciones que toman prestado un poquito de realidad y la transforman en algo que no ha existido ni podrá existir. Mejor dicho: historia paralela, lo que pudo pasar y no pasó. Ponerse las gafas de un presente probable. Trazar líneas de tiempo alternativas. Eso que usted y yo tantas veces nos hemos preguntado en la vida: ¿y si en vez de haber cogido este camino me hubiera ido por el otro? ¿qué sería de mí ahora mismo?

Bonita forma verbal esa que no puede visualizarse de otra manera que no sea en la imaginación. En Colombia se dice “hubiera”, en España se dice “hubiese” y en cualquiera de los dos países estamos ante un café, sentados como imbéciles mirando por la ventana, tratando de dibujar un universo infinito de posibilidades. Acciones, eventos, situaciones que esperábamos que ocurrieran o que en algún momento deseamos llevar a cabo pero que realmente nunca sucedieron. ¡Bendito español nuestro que nos condena a la quimera! ¿O tal vez fue al revés? ¿De tanto soñar con mundos paralelos tuvimos que inventar un pretérito imperfecto para poderlo nombrar?

Sea cual sea la respuesta, sepa usted que acaban de detectar una décima de segundo de un choque entre dos agujeros negros que ocurrió hace 7000 millones de años. No existía el sol cuando se produjo la colisión. No existíamos ni usted ni yo, ni la tierra, pero han pasado 7000 millones de años para que podamos detectar un micro eco de aquel colapso. El titular del periódico decía “captan una enorme onda gravitacional que no debería existir”. ¡No debería existir, pero existe! ¡Entonces mis “hubiera” sí son posibles a miles de años luz y nadie me puede quitar el derecho de darle vueltas a la misma pregunta, elucubrando vidas fantásticas con decisiones inversas!

Zulma Sierra Bedoya

Poco queda de la periodista que fue, pero insiste en escribir. Ganó el premio Simón Bolívar de Periodismo en 2000 por la serie de reportajes "Ciudad Botero". Trabajó para "El Colombiano" de Medellín y realizó reportajes para "El Tiempo" de Colombia. Fue editora de la redacción Barcelona del "Periódico Latino". La gran mayoría de sus trabajos recientes se pueden ver en el portafolio: http://www.behance.net/ZulmaSierra.

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