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Bolivia: manual para una nueva izquierda

La sociedad civil boliviana ha enviado un mensaje contundente a derecha e izquierda. Lo sucedido en las elecciones parece el inicio de una síntesis política en América Latina, luego de históricos gobiernos de izquierda y la ofensiva de la derecha.

Diego Marín Ríos
Elecciones

Elecciones. Imagen de Glen Carrie en Unsplash

“Solidaridad internacional Bolivia” es el nombre de un grupo de WhatsApp creado por los dirigentes bolivianos y que facilitó la observación internacional digital de las elecciones. En tiempos de pandemia solo unos pocos pudieron remontar hasta la cima de los Andes para defender la democracia. Ese grupo de WhatsApp fue apenas una pieza más de la efectiva batería antifraude que ahogó cualquier intento de manipulación de los golpistas, de la OEA y sus aliados.

El proceso electoral que acaba de pasar en Bolivia se va constituyendo, con cada día que pasa, en una síntesis política de América Latina.

Las radios comunitarias bolivianas se enlazaron en cadena nacional, acompañadas de canales de televisión, articulándose a una artillería de medios electrónicos, con tentáculos en las redes. En tiempo real y desde muchos lugares del mundo, cientos de activistas y organizaciones seguimos paso a paso el desarrollo de los acontecimientos. En Oslo enlazamos las redes de varios sindicatos y organizaciones para reaccionar de inmediato ante cualquier eventualidad. Desde primeras horas de la mañana del domingo ocupé el comedor de mi apartamento y con un ojo puesto siempre sobre la pantalla de mi móvil, me sumergí en la historia y el presente de Bolivia a través de la pantalla de mi laptop. Todo podía pasar y el impresionante despliegue militar en Bolivia, en la noche del sábado, había reforzado mis peores presagios.

El MAS, gracias a un modelo electoral transparente, pudo organizar su propio sistema de conteo de votos.

Lo que sucedió fue todo lo contrario. La sociedad civil boliviana, movilizada a través de sus organizaciones sociales y apoyada en el deslumbrante aparato político del MAS-IPSP, dio una lección de democracia a la izquierda y la derecha continentales. El proceso electoral que acaba de pasar en Bolivia se va constituyendo, con cada día que pasa, en una síntesis política de América Latina, luego de históricos gobiernos de izquierda y la ofensiva de la derecha. Está a punto de costarle la cabeza al Secretario General de la OEA. La sociedad boliviana ha puesto en su lugar a las élites conservadoras, a la izquierda tradicional y ha doblegado al Estado, al punto de neutralizar su aparato militar. No se atrevieron a usarlo.

La abrumadora movilización pacífica del pueblo boliviano sobre las urnas hizo retroceder hasta a los gringos. Votó el 85%. Luís Arce ganó con el 54.5% y el MAS queda con mayorías en ambas cámaras. Hoy Bolivia tiene un Senado compuesto mayoritariamente por mujeres. Un golpe militar ha sido reversado con el poder del voto y los responsables han sido castigados con la desaprobación de la inmensa mayoría de la población. No se disparó un solo tiro.

El nivel de organización del MAS fue deslumbrante. La red de medios de comunicación populares se organizó para hacer frente a los grandes medios tradicionales. La defensa del voto fue garantizada mesa a mesa. Observadores y testigos electorales pudieron tomar fotografías de cada una de las actas y los representantes de los partidos quedaron en poder de copias oficiales de las mismas. Cualquier ciudadano podía presenciar los conteos. Cada una de las actas ha podido ser consultada en internet desde el momento en que fue registrada en el conteo nacional.

Los caudillos, los candidatos eternos que se autonombran desde las alturas de sus egos y los presidentes que se eternizan a nombre de la Revolución, también fueron desaprobados en Bolivia.

El MAS, gracias a un modelo electoral transparente, pudo organizar su propio sistema de conteo de votos. Para cuando llegaron las 20:00 horas en Bolivia, momento en el cual los medios de comunicación y las encuestadoras podían revelar el resultado de las encuestas a pie de urna, el MAS ya tenía las cuentas claras. La orientación fue esperar a que los medios dieran la noticia primero. Durante cuatro horas el futuro de las mayores reservas de litio del planeta se mantuvo en suspenso, pero desde el MAS no se filtró nada.

Los caudillos, los candidatos eternos que se autonombran desde las alturas de sus egos y los presidentes que se eternizan en nombre de la revolución, también fueron desaprobados en Bolivia. Evo Morales no solo desobedeció el plebiscito, también rompió con la cultura de rotación de líderes existente en las organizaciones sociales e indígenas. En la fallida votación de 2019, con Evo de candidato, el MAS había perdido el 13% de su electorado. Ahora Arce, con el 54.5%, supera la votación de Evo en el 2005. La dramática salida que hoy escenifica Evo contrasta con la renuncia de Mujica al parlamento uruguayo: “un buen dirigente es el que deja gente que lo supera con ventaja”, escribió en su carta de despedida solo dos días después del triunfo del MAS en Bolivia.

El respeto a la independencia de poderes es otra lección importante. Cuando el Tribunal Supremo Electoral (TSE) decidió no usar el sistema de conteo rápido el mismo Morales puso el grito en cielo. Hoy es indudable que tal medida no solo aseguró la publicación de un resultado claro, sino que dejó en evidencia el papel criminal de Luís Almagro y la OEA, al fabricar la acusación de fraude que legitimó el golpe de 2019.

No es momento de revanchismos. Los oficiales, militares, policías y funcionarios que sirvieron bajo la dictadura de Añez no pueden sentirse amenazados. Esto podría llevarlos a apoyar aventuras golpistas que escamoteen la victoria popular. Las organizaciones sociales no pueden ser cooptadas por la burocracia estatal y el relevo de cuadros es fundamental. Son las organizaciones las que marcan la agenda de temas y prioridades. Por ahora las primeras declaraciones del electo presidente Luís Arce parecen indicar que la lección está aprendida:

“Vamos a reconducir el proceso de cambio aprendiendo y superando errores. Vamos a gobernar para todos los bolivianos, vamos a construir un gobierno de unidad nacional (…) Asumiendo autocríticamente, renovando y promoviendo nuevas dirigencias sociales, democratizando los espacios de decisión y sin dejar de tener la perspectiva de que estamos construyendo poder popular”

Diego Marín Ríos

Observando desde la popa del Titanic. Historiador colombiano residente en Noruega.

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