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Superman as Donald Trump: Hollywood en estado puro

La galaxia y el escenario de superpoderes de Trump es, en realidad, una fuente muy peligrosa de construcción de seguidores que está determinada por los factores de impacto que genera su personalidad, apoyada, sobre todo, en los shows y en la espectacularidad.

Santiago Giraldo Luque
Superman

Superman. Imagen de Jon Tyson en Unsplash

El diálogo de la entrevista realizada por el periodista John Harwood en octubre de 2015 al entonces candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, culminaba así:

  • Sabe usted, su respuesta a las cuestiones de política pública es “yo soy Donald Trump, yo soy bueno, yo soy el mejor, yo lo voy a conseguir…”
  • ¡Oh! ¡Hay algo de verdad en ello!
  • Pero nosotros no tenemos un presidente Superman, sr. Trump…
  • No, pero lo tendremos si elegimos a Trump

Los americanos, como no podía ser de otra manera, eligieron a Superman.

Cinco años después, y a menos de una semana para las elecciones, el ahora presidente de los Estados Unidos cree (y siente) que es Superman. Su intención, luego de salir del hospital y ganar la batalla a la particular kriptonita de la época, el virus de la COVID-19, era vestirse con la camiseta del hombre de acero. En su aparición pública posterior a su paso por la clínica, bailó al ritmo de la YMCA, mientras declaraba que se sintió como Superman al ser tratado con el medicamento experimental utilizado para frenar el avance del virus en su cuerpo. Miles de personas le gritaban “supertrump, supertrump”.

Trump campea en primera línea a sus anchas y sus oponentes, Biden incluido, lo único que pueden hacer es jugar con las agendas que él propone. Por eso las opciones de ganar están absolutamente abiertas para el actual presidente, a pesar de que las estadísticas, las encuestas y las casas de apuestas, le den de nuevo como perdedor.

El superpresidente fue retratado en su oficio de salvar a la nación americana del virus por el artista callejero TvBoy, en una calle de Barcelona. En la voz de “Los tres de La Habana”, a son de salsa, los artistas latinos dicen en su estribillo:“Ay, Ay, Ay Ay, por Dios, yo voy a votar, por Donald Trump”. A continuación, la letra de la canción, reproducida más de 235.000 veces desde el 1º de octubre de 2020, recoge muy bien el discurso del presidente y le da rima a lo que parece imposible: “No me creo las mentiras que están poniendo en televisión, y aunque digan lo que digan, mujeres con Donald Trump”.

A una semana de las elecciones la NASA anunció que había descubierto agua en la luna (no, esto no es ficción). La agencia espacial norteamericana no hace ciencia ficción en el único punto de realidad que puede tener el extraño mundo de Trump: el muro con México, plantar la bandera en la luna o incluso en Marte, proponer la compra de Groenlandia o legislar sobre los recursos lunares, marcianos u otros astros celestes. La grandiosidad de América (Make America Great Again).

La galaxia y el escenario de superpoderes de Trump es, en realidad, una fuente muy peligrosa de construcción de seguidores que está determinada por los factores de impacto que genera su personalidad, apoyada, sobre todo, en los shows y en la espectacularidad. Nada más que dinero y construcción de emociones: odios y amores. Como en el cine: la política del siglo XXI. Otro invento americano, como el de los debates. Cómo olvidar el clásico Nixon-Kennedy (1960) que pasó a la historia porque para los que vieron la tele, el ganador fue Kennedy (maquillado y bronceado), mientras que en la radio, según sus espectadores, ganó Nixon, al que no veían cómo sudaba, pero sí cómo hablaba.

En un análisis realizado por el Ad Observatory de la Universidad de Nueva York —amenazado por Facebook Inc pues utiliza y almacena grandes cantidades de los datos privados que pertenecen a Zuckerberg para hacer estudios y promover el uso transparente de los datos— se describe la importancia del posicionamiento de la publicidad de los candidatos en los Estados clave de la próxima elección (como Florida) y cómo en ellos las campañas electorales fijan posiciones, como el “Ay, Ay, Ay” (para los latinos), o ser los dueños de la luna (para quienes son adictos al destino manifiesto). La capacidad de segmentación absoluta de la propia publicidad electoral hace que el mismo Trump sea capaz de bailar salsa en un anuncio, de vestirse de Superman en otro y de alcanzar la luna en el siguiente. Según el Ad Observatory, Trump vuelve a ganar, y por mucho (por más de 20 millones de dólares), en inversión en publicidad dentro de las redes sociales que ya fueron determinantes en su primera elección. 

Los saltos de guion, atípicos de Hollywood, son curiosamente el mayor poder de Trump en la sociedad de Hollywood (extendida, hoy vía el modelo Netflix a todo el mundo). Nadie sabe cuál será su nueva ocurrencia esta noche o mañana, y estar siempre en primera línea de la conversación mundial ratifica su poder de marcar la agenda nacional e internacional. Es un peso demasiado alto en la sociedad actual. No importa lo que diga, o si es verdad o no. La verdad está sobrevalorada, diría Zuckerberg al no censurar las mentiras del candidato, al igual que la privacidad. 

No convencerá a ningún votante que no le haya votado en 2016. Pero eso a él no le preocupa. Como tampoco le preocupan sus propios escándalos que, de hecho, pesan poco en su reputación o en sus votantes.

Trump campea en primera línea a sus anchas y sus oponentes, Biden incluido, lo único que pueden hacer es jugar con las agendas que él propone. Por eso las opciones de ganar están absolutamente abiertas para el actual presidente, a pesar de que las estadísticas, las encuestas y las casas de apuestas, le den de nuevo como perdedor. Por eso y para eso es Superman.

¿Aún nos importan las encuestas? A Trump, poco. Su objetivo es movilizar a todos los americanos descritos irónicamente por la canción de Alberto Cortez de los años setenta: “Si conocen historia/no es por haber leído/si no de haberla visto/en el cine americano/con grandes escenarios/y música grandiosa/en el sutil estilo/de los americanos”. 

Él es la imagen salvadora para muchos problemas irreales. Creados e imaginados por la propia maquinaria de agenda del presidente. Si Superman está con nosotros no tendremos amenazas comunistas (como el demonio rojo de Biden), migrantes que destruyen el trabajo de los buenos americanos (los típicos mexicanos), ni un sistema sanitario para los pobres (si lo quieren que lo paguen, como todo buen americano).

No convencerá a ningún votante que no le haya votado en 2016. Pero eso a él no le preocupa. Como tampoco le preocupan sus propios escándalos que, de hecho, pesan poco en su reputación o en sus votantes. El papel de víctima —que es atacada por el “virus chino”— dentro del modo Hollywood de entender el mundo es una garantía de taquilla. De votos. Él sobrevive y renace como el salvador y protector del maravilloso sueño americano. 

America no vota a Trump. Vota a Superman.

Tal vez por eso el hollywoodense Iván Duque corrió a resguardarse bajo su capa, apoyándolo. 

¿Qué pensarán sus votantes? 

Pd. El retrato de Super Donald Trump de TvBoy, si Donald lo viera… ordenaría a Melania que le comprara una copia china para la Casa Blanca.

Santiago Giraldo Luque

Politólogo y periodista. Profesor de periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona

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