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La latinoamericanización de la política norteamericana

Que hoy Trump use el discurso falaz del «castrochavismo» para asegurar su triunfo en La Florida y el apoyo de los latinx en todo el país, encaja perfectamente en la tesis de la latinoamericanización de la política estadounidense.

Diego Marín Ríos
Dos mundos

Dos mundos. Imagen de Dimitris Vetsikas en Pixabay

En nuestro apartamento no se escucha mucha música trendy. Es en las visitas de nuestras sobrinas, de 11 y 14 años, que nos actualizamos sobre los gustos de los jovencitos y jovencitas noruegas. Aprovechamos esos días para entender mejor lo que pasa por las mentes y los oídos de estos hijos del primerísimo primer mundo.

En su más reciente visita, la más pequeña me presentó a su ídolo: Billie Eilish. «No se parece a nadie, dice las cosas tal como las piensa y piensa como yo», sentenció la sobrina. No volví a saber de Billie Eilish hasta que, sorprendido, la encontré en un video incluido en un artículo sobre las elecciones en Estados Unidos:

Trump convirtió a Parscale en el objetivo predilecto de su matoneo, en público y en privado. Desechado y humillado por su amo, caído en picada desde las alturas del autoritario poder imperial, Parscale ha tocado fondo.

«Ustedes no necesitan que yo les diga que las cosas están hechas un desastre (…) necesitamos líderes que resuelven problemas como la crisis climática y el Covid, no que los nieguen, necesitamos líderes que luchen contra el racismo sistemático y la desigualdad (…) Hay que empezar por votar en contra de Donald Trump, votando por Joe Biden. El silencio no es una opción (…) tenemos que votar como si nuestras vidas dependieran de ello, porque dependen de ello (…) Regístrate. Vota.»

Eilish tiene 18 años y votará por primera vez en estas elecciones. La joven artista llega a casi 40 millones de oyentes mensuales en Spotify. Les recomiendo All the good girls go to hell. Vean el video y piensen en que escuchaban ustedes cuando tenían 11 años.

Brad Parscale tiene 44 años, con sus más de dos metros de altura y una inconfundible barba roja, se ganó el sobrenombre «El Vikingo». Todo un modelo físico de la supremacía blanca. Su obra ha sido escuchada en todo el mundo y estampada en casi todo tipo de productos, pero Brad no compone canciones. Se dedicaba a diseñar las páginas web de varias importantes firmas norteamericanas. Sin experiencia política, se convirtió de la noche a la mañana en un gurú digital al que se le atribuyó gran parte del sorprendente éxito electoral de Donald Trump cuando fue elegido presidente. Brad Parscale es el reinventor del eslogan «MAGA», Make America Great Again. La frase es tan efectiva que Trump intenta reelegirse con el mismo eslogan.

El pasado lunes 28 de septiembre agentes de la policía en Fort Lauderdale (Florida) detenían al gigante blanco alcoholizado, que sin camisa hablaba solo, balbuceando frases ininteligibles, llorando, totalmente fuera de sí. Derribado por uno de los agentes, Parscale fue esposado y detenido. Su esposa había llamado desesperada a la policía convencida de que Brad estaba a punto de suicidarse.

Después de su arrollador éxito en la campaña del 2016, Brad fue arropado por Trump y por supuesto, escogido como su jefe de campaña para el 2020. Este romance terminó con el desastre de Tulsa, Oklahoma, del pasado 20 de junio. Un mitin en el que se esperaba reunir a un millón de personas terminó con un solitario Trump en la tarima. Lo de Tulsa tiene además raíces históricas en el conflicto racial y la discriminación sistemática hacia los negros. La serie de televisión Watchmen lo explica bien. Para el momento del fracasado mitin todavía estaban vivas las llamas de los levantamientos urbanos tras la muerte de George Floyd. El mitin fue planeado como una respuesta a esos levantamientos, pero el poder blanco quedó en ridículo. A partir de ese momento Trump convirtió a Parscale en el objetivo predilecto de su matoneo, en público y en privado. Desechado y humillado por su amo, caído en picada desde las alturas del autoritario poder imperial, Parscale ha tocado fondo.

Iván Duque Márquez también tiene 44 años. El actual presidente de Colombia fue asesor del entonces ministro de hacienda Juan Manuel Santos, quien lo nombró representante de Colombia ante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Allí permaneció entre el 2001 y el 2013. Se destacó de inmediato y fue arropado por el ala protectora de Luís Alberto Moreno, el colombiano presidente del BID. Los que conocieron a Iván Duque en esa época hablan de su admiración por Barack Obama y de su talante 100 % demócrata. Todo un cuadro del establecimiento con mucha proyección.

El Duque de hoy, subyugado por los deseos de su patrón Uribe, no se parece en nada a ese joven prometedor. Le fueron pintadas canas que hoy son permanentes, la angustia lo ha llevado a subir de peso comiendo compulsivamente y sobrepasado por el autoritarismo del proyecto despótico de su jefe ha renegado de todo lo que había escrito y dicho en el pasado. Se convirtió en un personaje gris que apoyó al candidato de Trump para dirigir al BID, pisoteando así el legado de su mentor Moreno. Insiste en intervenir en Venezuela, ha roto los diálogos de paz con el ELN, no implementa el acuerdo de paz con las FARC, no se conmueve frente a las constantes violaciones de derechos humanos en Colombia y no escucha a los ciudadanos que cada vez en más número se vuelcan a la calle a pesar de la pandemia. Con la misma edad de Brad Parscale, Iván Duque es también un joven venido a viejo gracias al uso y abuso que de ellos ha hecho el poder conservador neoliberal, anacrónico y negacionista de la crisis climática global.

Una enorme separación entre el campo y la ciudad, que en América Latina originó guerrillas, inocula grupos paramilitares en los Estados Unidos.

Trump – the Latin American strongman, es el título del episodio 11 del podcast US Elections Untangled, producido por el Instituto Finlandés de Relaciones Internacionales. Allí el profesor Mikael Wigell afirma que con las actuales elecciones presidenciales estamos asistiendo a la latinoamericanización de la política norteamericana.

Para Wigell, Trump es el caudillo latinoamericano por excelencia. Los problemas estructurales que han aquejado a la política en América Latina empiezan a marcar hoy la agenda política del imperio. Una enorme separación entre el campo y la ciudad, que en América Latina originó guerrillas, inocula grupos paramilitares en los Estados Unidos. Un parlamento polarizado incapaz de funcionar correctamente; las tensiones entre los más blancos y grupos étnicos; una enorme distancia entre las élites supremamente ricas y una mayoría excesivamente pobre, son otras de las señales que Wigell resalta para afirmar su tesis. Para el profesor finlandés esto explica en mucho el surgimiento de proyectos y líderes autoritarios y populistas, que buscan ganar el apoyo de las masas mientras aseguran la persistencia de los privilegios de las élites. Que hoy Trump use el discurso falaz del «castrochavismo» para asegurar su triunfo en La Florida y el apoyo de los latinx en todo el país, encaja perfectamente en esta tesis.

A lo anterior yo añadiría el tema generacional. Mientras adolescentes como Billie Eilish están más conectados con la realidad contemporánea, tenemos adultos jóvenes como Brad Parscale e Iván Duque que representan y defienden el viejo sistema a costa de su propia existencia. En Chile fueron los adolescentes como Eilish quienes hicieron posible una nueva constitución. Frente a esto recuerdo las palabras de la periodista colombiana María Jimena Duzán, quien en una caminata por el centro de Oslo me dijo: «en realidad el problema de Colombia somos los adultos, al parecer solo cuando los mayores de 40 hayamos desparecido podrá haber paz».

Diego Marín Ríos

Desde la popa del Titanic. Historiador colombiano residente en Noruega.

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