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Aquí todos somos asintomáticos

Las prácticas tradicionales alimenticias, la medicina tradicional y una visión positiva ante la vida podría ser la respuesta a los viejos y nuevos males que amenazan la humanidad. Allí donde parece que nada funciona y que todo está mal podría también estar la clave para nuevos caminos, nuevos paradigmas de sociedad.

Harrinson Cuero
Guapi, Colombia.

Celebraciones en Guapi. Diciembre de 2020. Imagen de Harrison Cuero.

El municipio de Guapi, una localidad sobre la costa del Pacífico, ha llamado la atención del país, y no precisamente por la difícil e histórica situación socioeconómica de su población o por los continuos asesinatos masivos o selectivos que, desde principios de siglo y agudizados luego del acuerdo de paz con las FARC, ejecutan grupos armados legales o ilegales vinculados al conflicto armado. 

Al parecer 51 militares llegados de otra región del país diagnosticados con el virus, y fueron determinante en el aumento de los casos en la localidad.

Esta vez la causa de su visibilidad está en que la cifra de muertes por covid-19 en el municipio contradice las proyecciones científicas. El número de afectados y fallecidos por la pandemia es muy baja.

A principios de diciembre le pregunté a un paisano de Guapi sobre la falta de atención y cumplimiento de las medidas de prevención ordenadas por el Gobierno. El paisano me contestó: “manito, aquí todos somos asintomáticos”. Esa respuesta la escucharía luego en distintos espacios y de boca de otras personas.

El Covid-19 le tiene miedo al bochinche

Cuentan jocosamente los lugareños, que desde que se anunció la propagación del covid-19 en el país empezaron los rumores. Uno de esos jocosos comentarios era de que el virus no quiso aparecer en el pueblo por temor a la punzante lengua de los guapireños.

Las versiones no oficiales señalan la presencia del covid-19 desde el mes de abril pasado cuando tres personas, entre ellas un menor, fueron remitidas a Popayán y murieron bajo diagnóstico de covid-19. De ahí en adelante los rumores iban y venían. Se corrió la voz de que en los hospitales estaban cobrando altas cifras de dinero por pacientes covid-19 reportado, y que el menor fallecido había acudido por una afectación menor y en el hospital le causaron la muerte. Este rumor ocasionó mayor resistencia de los guapireños hacia el sistema de salud público. Un sistema de salud inoperante en la región y descartado por los lugareños a los que les es imposible desplazarse a las ciudades capitales de Popayán y Cali para recibir atención sanitaria. Con tales antecedentes la mayoría de habitantes del pueblo optaron por tratar los efectos del virus con autonomía y a la manera tradicional.

En julio pasado el municipio de Guapi que ocupaba el último lugar en la cifra de casos reportados en el departamento del Cauca saltó al segundo puesto. Según versiones oficiales, para el 16 de noviembre pasado había 87 casos activos del municipio de Guapi. Al parecer 51 militares llegados de otra región del país diagnosticados con el virus, y fueron determinante en el aumento de los casos en la localidad. Una situación similar ocurrió en el puerto de Buenaventura donde los militares fueron vehículos de propagación del virus. Con el paso de los días el covid-19 fue perdiendo peso en las conversaciones locales y las mascarillas y botellas de alcohol o gel empezaron a desaparecer de la lista de mercado.

El matarratón, el viche y positividad ante la vida contra el covid-19

El primero de diciembre fue el día en que la población de Guapi decidió hacer frente al covid-19 de manera diferente. Ese día, como se ha vuelto tradicional, las calles se llenaron alegría. Música, gente, bailes, abrazos y sonrisas se tomaron el pueblo. Las imágenes en redes sociales llamaron la atención de propios y extraños. Nadie podría creer que, en plena crisis global por la segunda ola del virus en Europa y Estados Unidos, los guapireños no usaran mascarillas y estuvieran de carnaval.

Según versiones locales, la planta de matarratón tiene un componente que evita se desarrollen los síntomas de la enfermedad o que reduce considerablemente sus negativos efectos.

Los arrullos barriales, las reuniones caseras de los jóvenes, los abrazos y besos de bienvenida continuaron mientras las colonias de guapireños, residentes en el interior del país, las seguían por las redes sociales encerrados en sus casas bajo la rigurosa cuarentena. Pasó lo esperado, la gente decidió volver a Guapi para pasar la navidad y la llegada del año nuevo. 

Al llegar al pueblo los viajeros eran recibidos por sus parientes con una bebida a base de matarratón, antes o después de uno de viche curado. Según versiones locales, la planta de matarratón tiene un componente que evita se desarrollen los síntomas de la enfermedad o que reduce considerablemente sus negativos efectos.

Nadie sabe con certeza que está pasando, pero las versiones populares y algunas fuentes autorizadas parecen coincidir en que una mezcla entre buena alimentación y medicina tradicional sumadas a una actitud positiva ante la vida estarían detrás del fenómeno Guapi y el bajo impacto entre sus habitantes. 

Las fiestas en el pueblo terminaron el 6 de enero del 2021 y desde entonces había el temor de que con la llegada de tanto “paisano” del interior del país los casos de la nefasta enfermedad aumentaran de manera considerable, pero a fecha de hoy, 28 de enero, no hay reportes ni oficiales ni locales que lo confirmen. Mientras las autoridades sanitarias realizan investigaciones, aquí, seguimos: ¡Asintomáticos!

Harrinson Cuero

Natural de Guapi, Cauca. Ecólogo, especialista en derecho ambiental, master en Planificación Territorial y Gestión Ambiental de la Universidad de Barcelona, y Doctorando en Sostenibilidad de la Universidad Politécnica de Cataluña. Investigador y consultor en temas territoriales, de derechos humanos y derechos étnicos.

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