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Mandate my ass (Manda mi culo)

Las drogas también son una opción de vida de algunas personas, incluyendo su adicción, como el alcohol, como cuando festejamos y nos emborrachamos. Es una opción de vida como ser vegetariano o adoptar los hábitos de alguna religión.

Fumando marihuana.

Fumando marihuana. Imagen de Jan Hennemann en Pixabay

Well, the firts thing i want to say is: ¡Mandate my ass!

Hace muchos años alguien dijo eso, y en Colombia seguimos como en las B Movies de Hollywood, montando escenarios de bajo presupuesto para seguir en un conflicto que no tiene razón de ser. Para ser más directos, la discusión de la legalización de las drogas en Colombia es una película de cine B. ¿Modernizarnos? Por algo seguimos en el Tercer Mundo, discutiendo temas superados desde la Segunda Guerra Mundial.

Para ser sinceros no crean tanto en lo que leen, mi vida sexual es la de un monje de clausura. Ese tema está superado hace mucho tiempo, no me atormenta, aunque a algunos parece que sí. Soy todo un faquir, duermo en colchón con clavos y todo. Y eso me ayuda a meditar tantas cosas que suceden en nuestra amada patria, Colombia encanto, nos tiran un hueso. Que no sé ni por dónde empezar.

Muchos errores han cometido los gobiernos, tanto de nuestro país como internacionalmente, tratando de combatir las drogas ilícitas. Por ejemplo, en un principio el objetivo directo era el consumidor sin combatir la oferta, luego combatieron la oferta llenando de químicos nuestras selvas y regiones, luego combatieron los carteles, y los carteles se volvieron más sofisticados, luego siguieron con la guerra económica, y fue mucho más cruel y despiadada, lo único que produjo fue que más actores entraran a formar parte de la cadena de ilegalidad.  

Y mientras tanto, la pandemia de drogas estaba desatada más que nunca.  Parecería como si la estrategia estuviera siempre diseñada para mover trillones de dólares ilegales, el mercado negro y estuvieran dispuestos a sacrificar millones de adictos, qué más da. La droga es el negocio ilegal preferido de muchos. Que moral. Hollyweird.  

Y entraron en el juego todos, la guerra, el terrorismo, las economías mundiales y nada absolutamente nada pudo parar a los delears y brokers y mucho menos a las mentes maestras.  Hasta que los propios movimientos progresistas llegaron al punto de liberar la mariguana.  Nos volvían adictos en un periodo y en el otro nos convertían en delincuentes. 

Generaciones de colombianos de todos los estratos sociales han sido sacrificados desde entonces, desde el mismo momento que declararon la guerra contra las drogas ilícitas. Esto dejó un legado para las nuevas generaciones. La prohibición, el crimen, la ilegalidad y la muerte civil de muchos. Y desde entonces a una Colombia enfrentada, represiva y carcelaria. 

Mantener la ilegalidad es el éxito del negocio de las drogas y los capitalistas más grandes lo saben. Es en esa ilegalidad donde está el juego, la prohibición es la máscara de la doble moral de los dueños del juego.  Fuimos programados para el conflicto, castigados si no cumplíamos la agenda, esclavizados en el monte produciendo coca en grandes cantidades. No tanto para abastecer a los consumidores, vamos más lejos, a las necesidades económicas de todas las potencias mundiales, de las mafias y de los países en guerra. 

Llegaron a la conclusión de que era la hora de legalizar, que ese juego no podía continuar, incluso políticos e intelectuales que no estaban de acuerdo con la legalización. Lo aceptaron como la última frontera para ofrecer un trato más ético y digno al juego. Nadie merece un futuro así. 

Ahora aplazan y dilatan esta legalización, con el único objetivo de seguir sacando provecho en lo ilegal. La legalización trae en sí misma unas reglas muy claras de producción, oferta y consumo. Que permitirán si somos utópicos, que el consumidor final tenga un trato más digno y un producto menos letal para consumir, sin excluir los riesgos que conlleva para la salud. 

Las drogas son como la comida, el cigarrillo o el alcohol, algunos las controlan, otros se desatan y muchos terminan cebados toda la vida, sin parar. Debemos ofrecer un producto que garantice un consumo más saludable dentro de los límites de lo saludable, que la adicción sea un problema de salud pública, lo que significa un problema del consumidor y del Estado; eso tiene un costo económico.

Al igual que el problema de la obesidad y el alcoholismo, que es una pandemia mundial y tiene altos costos económicos, las drogas deben tener el mismo manejo por parte de la salud pública. Son un peligro para la salud, como cuando nos volvemos diabéticos, o hipertensos, o VIH positivos, o tenemos alguna enfermedad incurable y tenemos que tener cuidado con nuestros hábitos y con lo que nos nutre. Las drogas también son una opción de vida de algunas personas, incluyendo su adicción, como el alcohol, como cuando festejamos y nos emborrachamos. Es una opción de vida como ser vegetariano o adoptar los hábitos de alguna religión. 

En la prohibición no está la solución al problema, todos lo sabemos. Pero tampoco en el caos que produce liberar las drogas de manera impuesta o violenta. Se necesita conciliación con la sociedad. Es un proceso que se debe hacer de manera paulatina, limpia, y diáfana con todos participando y mucha paciencia. Garantizando nuevas reglas del juego que posibiliten la convivencia pacífica, como en una sociedad en la que conviven muchas sectas bajo el mismo techo.

Como todo en la vida, las drogas son de cuidado. Como cuando manejamos un carro o un avión o vamos a tomar decisiones arriesgadas. La legalización es una garantía, que las drogas sean menos letales, si el consumidor así lo desea. La legalidad también trae un avance en la investigación científica para combatir los efectos de su uso y para sacar mejor provecho de sus cualidades. La legalización no significa que las drogas no sigan teniendo un componente de ilegalidad. Algunos tratarán de mantener la ilegalidad, especialmente las mafias, pero con el tiempo eso se irá controlando. La legalidad trae nuevos controles.

El ser humano en general tiene miedo a los cambios, incluso si estos son beneficiosos.  Por eso hay cierto rechazo en algunos componentes sociales; el miedo a que esta decisión desate un problema mayor. Especialmente en el manejo de los menores de edad, pero ese miedo no debe existir, la legalidad traerá reglas estrictas. Con miedo vamos a avanzar, pero esperando que esta vez, lo podamos hacer mejor

Ahora que existe un ambiente más propicio para la legalización, muchos ya no la añoramos en este momento, estamos fuera del juego, pero nos motiva que las generaciones futuras no sufran lo que hemos sufrido los colombianos y que tengan una calidad de vida mejor. 

Desde que el ser humano fue humano, desde los inicios de la humanidad, siempre ha querido estar “alto”, “colocado” por encima de la realidad que lo rodea, de expandir el mundo, de ampliar la mente y de entender el universo. Buscando una percepción más amplia del ser, buscando el conocimiento de su entorno, de su relación con la naturaleza. Incluso evadirse, buscando la sabiduría necesaria para desarrollar formas de dominar el universo. Algunos sienten miedo de expandir su mente, eso es válido, pero el miedo no puede seguir produciendo negación a los cambios. Es de paciencia nada más, de encontrar el momento exacto para hacerlo y de lograr negociaciones con la sociedad de muy alto nivel, sin imponer, simplemente consensuando. Mis opiniones son personales, no representan a nadie más que yo.

Mandate my uterus

Your left, right, left, right, left, right…

Escucha, Comején 

Activista Trans. Natural de Panamá. Padre venezolano y madre colombiana. Adelantó estudios de leyes y filosofía hasta que descubrió que lo suyo era el baile y la bohemia. Decidió entonces echarse a la calle. Su vida transcurre entre Cali y Buenaventura. Integrante de la última linea.

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