Close

Cuando el papel no quiere hablar con uno

A Dainis le recriminan la manera como se expresa, pero nadie se fija en la forma de hablar de una turista extranjera, blanca, que pregunta por el precio de una mochila en el malecón, luego de fotografiar pájaros en la región.

Estercilla Simanca Pushaina
Foto de Isidro Ibarra

Foto de Isidro Ibarra

Doraimis Tatiana Sapuana era una niña Wayuu de trece años, estudiante de la Institución Educativa Indígena Rural Nº3, sede Santa Cruz, vía a la Majayura del municipio de Maicao. Regresaba a casa después de una jornada escolar. Montada como copiloto en una moto recibió el impacto de una bala en su cabeza, en medio del fuego cruzado entre policías y delincuentes comunes. Su cuerpo quedó tendido a un lado de la carretera. Doraimis sería una de las beneficiarias del contrato de transporte escolar de la intervención temporal en educación, el cual no se pudo asignar a tiempo. Por esta razón ella pedía chance a los mototaxistas conocidos para que la acercaran a la escuela y la trajeran devuelta a casa. La asignación del transporte escolar para los niños de la zona rural del departamento de La Guajira hasta la fecha no se ha podido concretar.

Dainis Epinayu llega somnolienta a clases. Su rendimiento es bajo. Cabecea constantemente para no caer dormida en el brazo del pupitre. Por las noches vende manillas en el malecón de Riohacha. Dainis piensa todo el tiempo en wayuunaiki y vacila para dar las respuestas en español. Dainis tiene una ventaja, pero ella y algunos de sus profesores sin formación pedagógica no lo saben: es bilingüe, habla dos idiomas, uno de ellos es su idioma materno y el otro es el idioma dominante, un hecho que en otros espacios se valora, aquí es motivo de marginamiento: “Presenta dificultad para pronunciar las palabras. Se distrae con facilidad. Confunde los artículos en torno al género del sustantivo” escriben los maestros en el boletín de calificaciones de Dainis. Ella, en realidad, no presenta dificultad, sino que trata de articular las palabras en español. No es una niña distraída. Por el contrario, es muy despierta. Se concentra para explicar a la maestra en español la razón por la que no ha traído a la clase el libro de ejercicios:

– La mamá no ha comprado la libro seño- explica Dainis

– ¿La mamá de quien? – pregunta la maestra

– La mamá de mío seño- contesta

A Dainis le recriminan la manera como se expresa, pero nadie se fija en la forma de hablar de una turista extranjera, blanca, que pregunta por el precio de una mochila en el malecón, luego de fotografiar pájaros en la región. 

Cientos de niñas y niños Wayuu deben cubrir largas distancias para ir a clases. Emplean horas caminando para no perderse la primera hora de clase.

Historias como las de Doraimis y Dainis se repiten en La Guajira, en la zona rural y urbana. Cientos de niñas y niños Wayuu deben cubrir largas distancias para ir a clases. Emplean horas caminando para no perderse la primera hora de clase. Cuando hay transporte escolar deben esperar bajo la sombra de un trupillo, al camión 350 que los recogerá. Los niños y niñas se apiñan en la carrocería del camión para que quepan todos. El camión es el único vehículo que se adapta a la topografía del territorio Wayuu, un terreno lleno trochas, destapadas, con puentes en los que no hay ríos y arroyos de aguas amarillentas que se forman fugazmente después de un aguacero y luego desaparecen. Desplazarse en territorio Wayuu es un drama y el Estado no ofrece soluciones a corto, mediano y largo plazo. Cada cuatro años, el día de las elecciones desfilan por las trochas caravanas de vehículos de alta gama en busca de los que no saben firmar y los nacidos el 31 de diciembre para que salgan a votar.

Foto de Isidro Ibarra
Foto de Isidro Ibarra

El 21 de febrero de 2017 el Estado colombiano asumió la administración de la salud, educación y agua en el departamento de La Guajira. El grueso de las partidas presupuestarias corresponde a la educación, sin embargo, el Gobierno nacional vio riesgos en la prestación de este servicio. Tres situaciones preocupantes: 1) En el 2017, alrededor de 15.000 niños no habían sido matriculados, 2) Inconsistencia en los informes financieros, 3) gastos administrativos superiores a lo autorizado por el Estado. En vista de estas irregularidades el Estado asumió la competencia de las 4 secretarías de educación que hoy operan en el departamento de La Guajira: La Secretaria departamental y la de los municipios de Riohacha, Uribia y Maicao. El objetivo de la intervención era la de garantizar cobertura, calidad y equidad en materia educativa para 217 mil niños y jóvenes del departamento. La realidad contradice a los planes oficiales. La muerte de la niña por un balazo ocurrió hace un par de meses y aún no hay una explicación sobre el arma homicida. Doraimis murió por carencia de transporte adecuado y oportuno para los estudiantes.

“Qué bonito cuando hablas con el papel y que el papel hable contigo” fue la frase que me dijo mi abuelo en su escaso español, mientras yo iba leyendo en voz alta un texto cuyo nombre ya no recuerdo. Era la forma en que mi abuelo expresaba la acción de leer y escribir. Aquella frase quedó en mi cerebro como un tatuaje, como la marca de hierro de mi clan. Una marca absolutamente indeleble que decidí inmortalizar en mis textos.

Lo que deseo para los niños de La Guajira es que los recursos destinados para su educación no sean desviados y que los componentes anunciados por el Estado (cobertura, calidad y equidad) no se queden en el papel que no quiere hablar con uno. Los licenciados en etnoeducación e interculturalidad que hay en el departamento de La Guajira, tanto Wayuu como arijunas, están desempleados porque nadie se fija en ellos. Son maestros preparados para desarrollar una educación con enfoque. Algunos de ellos son explotados bajo esa modalidad de esclavitud moderna llamada “educación contratada”.

Arijuna: Persona que no pertenece al Pueblo Wayuu

Wayuunaiki: idioma materno del Pueblo Wayuu.

Estercilla Simanca Pushaina

Abogada y escritora del Pueblo Wayuu.

scroll to top