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Educación y afrocolombianidad

La excusa de la celebración del día de la Afrocolombianidad, el 21 de mayo, es una buena oportunidad para resaltar que hemos ido trascendiendo el imaginario de una comunidad que sólo brilla en algunos oficios o profesiones, por razones de inequidad social, falta de oportunidades y, en especial, por la imposibilidad de acceder y permanecer en el sistema educativo.

Rubén Darío Cárdenas
Inteligencia artificial

Inteligencia artificial. Imagen de Gerard Altmann en Pixabay

En el Censo de 2018, según datos del DANE, nuestro departamento, Valle del Cauca, aparece con la mayor cantidad de población afrocolombiana, con 647.526 personas y es Cali donde tenemos su mayor presencia con más de 605.000 personas. A lo largo de su historia nuestra ciudad se ha enriquecido con los aportes culturales de la comunidad afro, no hay escenario de las artes en el que no se sienta su vigor creativo. Las escuelas de salsa, el festival Petronio Álvarez, su herencia en relatos de la tradición oral, sus leyendas, sus rituales ancestrales para celebrar los nacimientos y acompañar el viaje final de los difuntos, sus habilidades musicales con tambores, marimba y guasá y sus recetas gastronómicas que se han colado en el gusto de todos los vallecaucanos.

Agréguese a esta pequeña muestra, de su legado cultural, todos -hombres y mujeres- los autores, poetas, compositores, periodistas, funcionarios, personajes destacados en distintas profesiones, científicos y deportistas que le han dado brillo en el orden nacional e internacional.

La excusa de la celebración del día de la Afrocolombianidad, el 21 de mayo, es una buena oportunidad para resaltar que hemos ido trascendiendo el imaginario de una comunidad que sólo brilla en algunos oficios o profesiones, por razones de inequidad social, falta de oportunidades y, en especial, por la imposibilidad de acceder y permanecer en el sistema educativo.

Es necesario demostrar que se puede y se debe saldar una deuda histórica brindando acceso a la educación, apoyando las iniciativas de emprendimiento de todo tipo –sin dejarse utilizar y mal pagar, en contratos hechos a la medida de las empresas clientelistas- y empoderando a las comunidades para rescatar y enaltecer un acervo cultural que es parte fundante de nuestra colombianidad.

El caso de los hermanos Caicedo Angulo, nacidos en Cali, es algo que nos llena de orgullo y sirve para ilustrar cómo la educación: egresados de la Universidad del Valle (de nuevo la importancia de la universidad ¡pública!) sirve para romper brechas sociales que condena a generaciones enteras a la pobreza y coarta, de paso, el derecho a tener unas condiciones de vida dignas.

Provenientes de una familia humilde que llegó de Barbacoas, Nariño, los tres hermanos: Olga, Julio César y Hugo recibieron el mejor regalo de sus padres, Alicia y Héctor: una formación en valores y una convicción de que sólo educándose se les abrirían las puertas para crecer y transformarse como seres humanos y que únicamente la escuela podría darles un lugar distinto en el mundo. Los hechos les han dado la razón. Los hermanos Caicedo Angulo son científicos reconocidos, cada uno ha realizado aportes invaluables, desde su especialidad, en el campo de la medicina, la salud y la ingeniería de materiales.

Estos admirables hermanos representan el ciclo al que debe aspirar un ser humano, algo así como “la comunidad humana me entrega su universo cultural, invierte sus mejores recursos educativos en mí, me forma y yo cuando salgo al mundo devuelvo, con frutos, esas semillas de humanidad que me han regalado”.

En reciente entrevista a Hugo Caicedo, en el programa “El personaje de la semana” de la cadena radial Caracol, exaltando sus raíces y nobleza señalaba: “Mis padres tienen la mejor educación del mundo, que no se obtiene con un título de doctorado, ellos nos inculcaron el valor de la perseverancia, el valor de la disciplina y algo muy importante: el creer en sí mismo y el creer que uno pertenece”. Son las claves que lo han llevado al reconocimiento internacional que hoy día tiene.

Retomo la disciplina, porque Hugo perfectamente hubiese podido dejarse llevar por el ambiente guapachoso de nuestra Cali y los caminos poco aconsejables que, en muchas ocasiones, se encuentran en las rumbas y haber dejado abandonados sus sueños. Sin embargo, pudo más la disciplina -y la formación que le habían dado en su hogar- y este joven logró remontar vuelo para tomar el mando de su vida y siguió perseverando en sus sueños hasta cristalizarlos.

Tanto que es el primer autor junto a su hermano Julio César, también Ph.D. y Univalluno, y otros tres científicos de una publicación en la revista Nature Biotechnology, en la cual menos de 8% de los artículos enviados son publicados y el proceso de selección dura hasta tres años. La investigación publicada: “Superando las barreras para la intervención temprana de las enfermedades” plantea una serie de pasos para identificar, antes de que se manifiesten, enfermedades mediante un monitoreo continuo que se conoce como marcadores. Se busca hacer una salud preventiva y no reactiva. Desarrollar prevención eficiente.

Mábel Lara, otro orgullo de nuestra afrocolombianidad, tiene una frase que le dijo un tuitero y que invita a romper estereotipos: “Nosotros no sólo vendemos chontaduro… también somos científicos y aportamos para el desarrollo del país”. ¡No más esa visión pintoresca que alimenta determinismos perniciosos y excluyentes, no más conformismos! Es necesario demostrar que se puede y se debe saldar una deuda histórica brindando acceso a la educación, apoyando las iniciativas de emprendimiento de todo tipo –sin dejarse utilizar y mal pagar, en contratos hechos a la medida de las empresas clientelistas- y empoderando a las comunidades para rescatar y enaltecer un acervo cultural que es parte fundante de nuestra colombianidad.

Los Caicedo Angulo son un orgullo para nuestro país, son un ejemplo del empuje inteligente y creativo de la comunidad afro y reivindican los caminos elevados que brinda la educación. Somos del tamaño de nuestros sueños, es un adagio que se repite, hay quienes prefieren la caverna platónica –cómoda, abrigada y sin riesgos- en la que otros deciden nuestro destino, hay otros –los que perciben la escuela como curiosidad, riesgo e iluminación- que deciden liberarse de los hilos que los atan y arriesgarse en ese mundo de afuera. A este último grupo pertenecen los Caicedo Angulo, orgullo de Cali y su afrocolombianidad.

Rubén Darío Cárdenas

Nació en Armenia, Quindío. Licenciado en Ciencias Sociales y Especializado en Derechos Humanos en la Universidad de Santo Tomás. 30 años como profesor y rector rural. Fue elegido como mejor rector de Colombia en 2016 por la Fundación Compartir. Su propuesta innovadora en el colegio rural María Auxiliadora de La Cumbre, Valle del Cauca es un referente en Colombia y el mundo.

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