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El mamo y la menstruación

Con la asociación entre menstruación y suciedad sucede lo mismo. No por ser una idea muy antigua o muy difundida, es una verdad. Y en este caso, como en tantos otros, las sociedades pueden modificar su concepción de las cosas

Olga L González
El Coño Insumiso

El Coño Insumiso. Procesión de Semana Santa en Sevilla

En días pasados este medio, El Comején, publicó una entrevista con el mamo Ramón Gil, nativo de la Sierra Nevada de Santa Marta, y perteneciente al grupo wiwa. En dicha entrevista, afirma el mamo:

«Las mujeres van a los ríos con la menstruación, van al mar y se bañan sin problema (…). [El virus] pudo nacer en China o aquí, porque es la sangre de la tierra la que está enferma (…). La gente va a tener relaciones sexuales en lagunas, ríos, madreviejas, y el mar; allí queda sangre de menstruación, sangre de mujer. Eso no va ahí. La mujer cuando tiene menstruación, no puede bañarse en fuentes de agua. La sangre de menstruación alimenta la tierra, para los cultivos, ciclos de lluvia. No puede estar en agua».

Como creo en el debate de ideas, y celebro que tengamos ahora a un comején muy inquieto, quiero compartir con los lectores mi punto de vista sobre el tema. (Por supuesto esta reflexión es también una invitación a seguir prolongando el debate). 

  1. “Mi” menstruación

En mi educación colombiana, en mi medio bogotano, en los años de mi adolescencia, la menstruación era aprehendida con misterios y supersticiones. “Que no se puede tomar leche si se tiene la regla porque se corta”; “Que no se debe una dejar tocar el pelo por peluquera mujer porque, si ella tiene la regla, se daña el pelo”. Antes de que le “llegara”, ya cargaba una con un buen acumulado de “información” sobre el carácter si no nocivo, en todo caso corrupto de la menstruación. E invalidante: en el colegio, las compañeras pasaban de ser niñas normales a tener complicaciones, a no hacer gimnasia, a armar conciliábulos, a tener reuniones de alto nivel en el baño. 

Cuando “llegaba la regla” empezaba un problema que había que disimular al menos una vez al mes. Si una manchita aparecía en la falda (en esa época había uniforme y había falda), la vergüenza era mayúscula. La única forma de disimular era poniendo el suéter  amarrado a la cintura para tapar la falda, y quedarse así el resto del día, así el día fuera de frío paramuno, así lloviera. 

La llegada de la regla era a veces festejada, más o menos abiertamente. En todo caso, las mujeres adultas de la familia se creían autorizadas a preguntar, de vez en cuando “¿ya se desarrolló?”. Cuando por fin llegaba la respuesta afirmativa, cambiaba la mirada de la mamá, la abuela y las tías, y lo que a partir de entonces veían era ya no a una niña, sino a una futura madre. 

2. Tabú y suciedad de la menstruación 

Con diferentes matices, así pasa en muchas culturas, desde el desierto de la Guajira hasta las grandes ciudades. La regla, el período, la menstruación son vistos como un evento que cambia la esencia de las niñas, y sobre el que muchos, y sobre todo las mujeres de la tribu y los sabios de la tribu, se permiten opinar (por no decir, pontificar). Cierto es que la llegada de la regla hace parte de un conjunto de cambios que se da en la adolescencia, época de transformaciones (cambio de voz, vello púbico, pelos en las axilas, urgencia del deseo sexual, crecimiento rápido, cambios en los genitales, crecimiento de los senos, comienzo de la salida de las molares, primeras eyaculaciones, primeras afeitadas, etcétera). Hay, pues, un conjunto de cambios importantes, pero solo la menstruación está rodeada de la idea fundamental de impureza. 

Esta idea de impureza, y los misterios que la rodean, están ampliamente difundidos en muchas culturas y períodos de la historia: Elise Thiebaut, en su libro Esta es mi sangre, recopila algunos de los ancestrales prejuicios referidos a esta sangre: en la antigua Roma, Plinio escribía que la mujer con menstruación dañaba el vino y pudría las frutas; en el libro tercero de la Torah, las reglas son una “impureza” y quien toque a una mujer que está menstruando, será impuro también. En el islam, las mujeres con la regla no pueden hacer las abluciones ni el ayuno. En la India, los prejuicios de hinduistas contra la menstruación son de tal proporción que el gobierno debe realizar campañas para que, por ejemplo, las niñas puedan asistir al colegio durante la regla.

3. ¿Revelación eterna o viejo prejuicio?

Una forma de considerar la permanencia de estas ideas es pensar que se trata un valor a-histórico. Esto equivale a decir que es una forma de verdad caída del cielo, una revelación simultánea que han tenido muchos en culturas diferentes. No es mi forma de pensar. Pienso que la cultura es un producto humano. Modificable, por lo tanto. Los ejemplos de asuntos humanos “eternos” que han sido modificados son muchos. Para citar solo uno, piénsese en la esclavitud: ha habido esclavitud durante casi toda la historia de la humanidad, pero la reflexión y la voluntad de lucha de ciertas personas, ha derrumbado esta que parecía una institución inmóvil.

Con la asociación entre menstruación y suciedad sucede lo mismo. No por ser una idea muy antigua o muy difundida, es una verdad. Y en este caso, como en tantos otros, las sociedades pueden modificar su concepción de las cosas. 

De hecho, asistimos desde hace ya varios años en este siglo XXI, y de la mano del feminismo, a un cambio de perspectiva sobre la menstruación. La generación que hoy está a punto de tener la regla en las grandes ciudades de Colombia y de muchos países del mundo, no se pone ya con tantos misterios. He tenido conversaciones con jóvenes de ambos sexos, he visto las publicidades como una de toallas higiénicas donde se trata con humor la regla, y donde por fin la sangre es roja y no un líquido de limpieza azuloso. He leído cómics donde se desdramatiza y explica todo esto. Y sobre todo, donde se rompe con esa asociación entre impureza de la sangre que sale por la vagina de las mujeres cada mes. 

4. Por qué está tan arraigada esta asociación entre impureza y menstruación

Vuelvo a pensar en las palabras del mamo, quien es la autoridad intelectual y espiritual de su grupo. Es importante entender por qué para él, como para tantos otros en civilizaciones muy distantes, la sangre de las mujeres contamina y no sucede lo mismo con la eyaculación masculina, o con la orina de ambos sexos. 

Pensadores e investigadores en ciencias humanas le han dedicado muchas páginas a la cuestión. Es imposible resumir en el breve espacio de una columna de prensa lo dicho. Pero, si ha de tenerse un elemento de respuesta común, este tiene que ver con la posición de las mujeres en las sociedades. La antropóloga Françoise Héritier ha constatado la posición subordinada de la mujer en prácticamente todas las culturas, occidentales y no occidentales, incluso en las sociedades matrilineales (que no son una expresión del mítico matriarcado, aunque el profano tiende a confundir una con otra). Ella muestra que la función de los mitos que hablan del “antiguo matriarcado” es, mediante un relato hipotético, justificar el orden social presente (el patriarcado y la dominación masculina). En muchas culturas (todas son patriarcales), las exclusiones de las mujeres que menstrúan se apoyan en ese tipo de mitos. En realidad, estos mitos y las reglas que de ellos se derivan son construcciones históricas, discursos ideológicos. Y por supuesto, no es solo en el mundo no occidental: lo mismo sucede con los relatos “médicos” de Aristóteles y de otros eminentes filósofos griegos: sus “saberes” sobre la impureza de la sangre de las mujeres  y la perfección del semen del hombre son elaboraciones ideológicas.

En suma, el mamo colombiano no es una excepción, expresa algo que en muchas culturas se expresa también, y su razón de ser es justificar la situación de inferioridad de las mujeres en su sociedad. El mundo occidental está cambiando lentamente en este aspecto, promoviendo la igualdad entre hombres y mujeres. En sociedades no occidentales, algunas personas, y en particular mujeres, están trabajando también con ese propósito.

Olga L González

Doctora en sociologia. Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de Paris. Investigadora asociada Urmis, Universidad Paris Diderot. Publica en revistas y prensa, y en sus dos blogs: ojo de perdiz (feminista, político, literario) y el más académico kaleidoscope (género, migraciones, violencia).

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