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Aukus, Brexit y la resurrección de las viejas disputas imperiales

El AUKUS no se formó contra París sino contra Pekín. Esta alianza es una reedición del ANZUS u “OTAN del Pacífico” formada en la Guerra Fría contra los soviéticos. Esta vez, la nueva alianza es contra China y con él se quiere enviar un mensaje: los blandos como Francia no harán parte de esta lucha. 

Foto de Unsplash.

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Gracias al armamentismo de Prusia, y posteriormente de Alemania, desde las guerras napoleónicas tanto el Reino Unido como Francia dejaron su enemistad histórica y pasaron a ser aliados. El miedo inglés a tener que competir en ultramar con una potencia emergente como los germanos y las disputas fronterizas francesas con sus vecinos del Este en torno a Alsacia y Lorena, llevaron a que la republicana Francia se aliase con la monárquica Inglaterra. No siempre fue así. Desde el desembarco de Guillermo el Conquistador en costas inglesas en el 1066 hasta Warterloo en 1815, la tensión entre ambas costó decenas de miles de muertos a los vecinos de ambos lados del Canal de la Mancha. En ese transcurrir, episodios como la Guerra de los Cien Años fueron parte de la relación cotidiana de ambos pueblos, pasando por el decidido apoyo francés a la independencia estadounidense, cuando decidieron perder Luisiana con tal de ver debilitado el poder imperial de su enemigo.  

Tras la fusión de capitales industriales y financieros a amplia escala internacional y con ello, la fase del capitalismo monopolístico como sistema político-económico, Francia prefirió entrar a negociar con Reino Unido como aliado, coordinándose entre ellos el reparto del mundo, como lo hicieron en Berlín en 1885, siempre buscando en cada avanzada diplomática debilitar a los germanos.  Para ello, firmaron pactos secretos que llevaron a que ante el estallido de la Primera Guerra Mundial los ingleses pasaran a ser los salvadores de los franceses. La misma historia se repitió en la Segunda Guerra Mundial. Aunque ambas potencias tenían múltiples fronteras coloniales, los incidentes entre ambas fueron muy pocos.  

Aunque esa alianza pareció que se iba a resquebrajar tras la Segunda Guerra Mundial dado que Paris entró a ser parte de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) y luego de las Comunidades Europeas mientras que Londres hizo lo propio con el EFTA(Asociación Europea de Libre Comercio) , gracias a la Guerra Fría y al miedo a la URSS, tanto Reino Unido como Francia siguieron siendo socias y aliadas, lo que se reforzó a mediados de los 70 cuando los ingleses decidieron unirse también a las comunidades europeas.  Para entonces, ya la rivalidad entre franceses y alemanes parecía haber desaparecido, ya que los intereses imperialistas pasaron a ser gestionados y resueltos en el espacio económico y político común al que ambos países pertenecían: la Comunidad Europea y luego, la Unión Europea. 

Sin embargo, el Brexit ha alterado ese equilibrio. A la par que no existe una gestión común de intereses para galos e ingleses, tampoco existe una amenaza común en Europa. Así, aunque Estados Unidos intenta presentarles a Rusia como la razón de ser para mantener a sus socios juntos, es claro que el país de Putin ya no es ni una caricatura de lo que fue el poderoso Estado fundado por Lenin. Por ello, Reino Unido poco a poco se aleja del llamado “europeísmo” y trata de consolidar el llamado “atlantismo” es decir, la alianza con Estados Unidos, mientras estrecha aún más los vínculos con lo que fue un día su imperio, es decir, aquellos países que hoy siguen siendo súbditos de la monarquía inglesa. Entre tanto, Francia ve como día a día es Alemania quien manda la parada dentro de la Unión Europea, a la par que sus intereses imperialistas en lo que considera su patrio trasero, o sea, África, son disputados de manera lenta pero sostenida por China. 

En ese ambiente, la última estocada al decadente imperialismo francés fue dada por la espalda: la formación del AUKUS (Australia-United Kingdom-United States, en inglés), una alianza entre Reino Unido, Australia y Estados Unidos, en la que prescinden de los galos.  Este duro golpe no solo hiere el orgullo francés, ya que, por un lado, prescinden de ellos a pesar de sus históricas posesiones coloniales en el Índico y en el Pacífico y por otro, le otorgan un duro golpe financiero a la decadente industria francesa, toda vez que un multimillonario contrato para construirle submarinos a Australia fue de inmediato cancelado, y Camberra optó en vez de ello, por moderna tecnología nuclear brindada por su antigua metrópoli.  

Esa disputa ha venido en aumento ya que, ante la llamada a consultas del embajador francés en Londres, los británicos han decidido tomar represalias en lo que se refiere a la expedición de licencias pesqueras a los barcos galos. A su vez, Francia amenaza con cortar el suministro de energía, mientras ambos países usan a los migrantes como armas en la escalada entre Londres y París. 

En el fondo, lo que existe es una desconfianza de los países anglófonos con Francia por las actitudes “blandas” que ésta ha tenido en su patio trasero ante el avance de China. El AUKUS no se formó contra París sino contra Pekín. Esta alianza es una reedición del ANZUS (Alianza entre Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda) u “OTAN del Pacífico” formada en la Guerra Fría contra los soviéticos. Esta vez, la nueva alianza es contra China y con él se quiere enviar un mensaje: los blandos como Francia no harán parte de esta lucha. 

Ese mensaje lo entendió muy bien China, quien en los días recientes ha respondido con más de cincuenta incursiones de sus modernos J-20 sobre Taiwán, el territorio rebelde al que AUKUS pretende convertir en su cabeza de playa para contrarrestar el poderío del gigante asiático.   China no se amilana y seguramente moverá sus fichas para consolidar su alianza con Rusia en el seno del Grupo de Shanghái. 

Campesino boyacense graduado de abogacía en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Hizo estudios de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia. Magister en Diplomacia y Relaciones Internacionales de la Escuela Diplomática de España y la Universidad Complutense de Madrid. Magíster en Derecho, con énfasis en regulación minera, energética y petrolera de (LLM) de la Universidad Externado de Colombia. Profesor universitario y consultor legal de organizaciones internacionales. Las posiciones expuestas en sus artículos son de carácter personal y no comprometen a las instituciones con las que el autor ha estado vinculado. 

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