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El virus más letal es el patriarcado

Con todas las cifras de violencia y desigualdad que han aumentado durante el confinamiento por la pandemia, podemos reconfirmar que el virus que no perdona nunca al género femenino, en ningún momento y en ningún lugar del mundo es el virus del patriarcado.

Renata Cabrales
Foto de Isabella Antonelli.

Foto de Isabella Antonelli.

Una madre de familia se suicidó hace poco en el lugar donde residía, en la localidad de Bosa, sur occidente de Bogotá, Colombia. Al parecer, tomó la nefasta decisión por no tener ni siquiera la posibilidad de darle de comer a sus tres hijos, a lo que se sumó la desgracia de ser expulsada de la vivienda donde habitaban los cuatro, por no tener con qué pagar el arriendo.

La víctima, identificada como Lady Joanna Arévalo González, de 28 años de edad, le llamaban «La ratona» y era una cantante de música urbana que se ganaba la vida en tiendas y restaurantes, pero por el confinamiento obligatorio, su fuente de ingresos se acabó.

Pero, lo peor del peso de la cuarentena que ha caído con fuerza sobre muchas mujeres del mundo, es el hecho de haber tenido que confinarse al lado de sus agresores, y las niñas al lado de sus abusadores sexuales.

En medio de la crisis por la pandemia del coronavirus, el Estado no ha respondido con su deber de satisfacer las necesidades básicas de las personas más vulnerables (entre estas las madres cabeza de familia). Todo lo contrario, se ha preocupado más por «mejorar» su imagen, usando para tal fin, incluso, dinero destinado a la implementación de la paz.

Debido a la cuarentena, un buen porcentaje de la población colombiana tuvo que dejar de producir, por medio del «rebusque», el sustento diario para sus familias. Vale la pena aclarar que la mayor parte de esta población, no solo colombiana, sino, además, latinoamericana que vive de la informalidad o del llamado rebusque diario, pertenece al género femenino.

Según la Organización Internacional del Trabajo, 126 millones de mujeres trabajan de manera informal en América Latina y el Caribe, lo que es, aproximadamente, la mitad de la población femenina de la región: «En América Latina, se traduce en inestabilidad laboral, bajos ingresos y falta de mecanismos de protección», afirma Ana Güezmes, representante de ONU Mujeres para Colombia. Advierte, además, que “esta etapa de cuarentena va a sobrecargar de cuidado físico, emocional y económico” a las mujeres.

Además de que sus fuentes de ingresos se han visto afectadas, otra de las consecuencias del confinamiento ha sido el incremento del trabajo no remunerado de las mujeres, e incluso niñas, en sus hogares. Los hogares con pocos ingresos y con una mujer a la cabeza son los más vulnerables, ya que se necesitan más labores de cuidado, al tener en casa a más personas que dependen de esta.

Así mismo, como resultado de la pandemia, un gran número de empresas tuvieron que suspender sus actividades e implementar el teletrabajo, dependiendo del sector y las necesidades. Tras el cierre de las escuelas, muchos hogares se transformaron en oficinas y escuelas, por lo que las madres, no solo se convirtieron en maestras y amas de casa, si no también en empleadas virtuales.

Ni qué decir de aquellas que son docentes y madres, y deben hacer de tripas corazón para poder acompañar a sus hijos e hijas en las clases virtuales (toda una hazaña para hogares de bajos recursos) y, además, estar atentas a las inquietudes de sus estudiantes y sus padres de familia, en un horario laboral que pasó a ser 24/7.

Esta situación, la de la nueva docente virtual y la de acudiente responsable de las actividades de hijos e hijas, se complica cuando entra en juego la brecha digital de género, la cual se refiere a la inferioridad de las mujeres con respecto a los hombres en el acceso a cierta información, educación y al conocimiento de las TIC. El acceso de estas a dichas tecnologías, no es solo una cuestión de igualdad de género, si no una necesidad urgente en la Agenda de desarrollo para 2030. Según la Unesco, factores como la zona geográfica, los recursos económicos, el sexo, la edad, la educación, entre otros, son aspectos que influyen directamente en la brecha digital de género.

Pero, lo peor del peso de la cuarentena que ha caído con fuerza sobre muchas mujeres del mundo, es el hecho de haber tenido que confinarse al lado de sus agresores, y las niñas al lado de sus abusadores sexuales, pues según datos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) las menores de edad entre los 12 y 17 años son las mayores víctimas de abuso sexual, con el 54%. Les siguen las niñas de 6 a 12 años, que representan el 32%, y de cero a cinco años, con el 14%, y es al interior de la familia donde se encuentra el agresor, según datos coincidentes con lo reportado por la OMS.

Por otro lado, de acuerdo al observatorio de violencias contra la mujer de la Fundación Feminicidios Colombia (Femcol) se han registrado durante el período de confinamiento, al menos, 52 casos de mujeres que han sido víctimas de la violencia feminicida en Colombia.

Lo primero que leí sobre el Covid-19 y las mujeres es que supuestamente, somos más resistentes al virus y tenemos menos probabilidades de morir por su causa. Para mí fue un motivo de satisfacción enterarme del tema solo por el hecho de poder comprobar que aquello del «sexo débil» no es más que un mito.

Infortunadamente, aunque el Covid-19 sea más «considerado» con las mujeres, con todas las cifras de violencia y desigualdad que han aumentado durante el confinamiento por la pandemia, podemos reconfirmar que el virus que no perdona nunca al género femenino, en ningún momento y en ningún lugar del mundo, es el virus del patriarcado. Vale la pena resaltar que en Colombia y América Latina, este virus (el del patriarcado) no actúa solo, sino de la mano del sistema capitalista con su salvaje sistema económico neoliberal.

Renata Cabrales

Licenciada en Lenguas Modernas y Magíster en Literatura, de la Pontificia Universidad Javeriana.

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