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Nuevos horizontes tras la victoria demócrata

La senadora Kamala Harris apoyó políticas de corte progresista en torno a la salud, el sistema de impuestos y la situación de los inmigrantes y extranjeros indocumentados. Abogó igualmente por la legalización de la marihuana recreativa y la prohibición de las armas de asalto.

Adriana Rodríguez M.
Tríptico sobre el racismo en los Estados Unidos

Tríptico sobre el racismo en los Estados Unidos

El Reality de Trump llegó a su fin. Perdió parte de su público durante los comicios presidenciales del pasado 3 de noviembre lo cual condujo a su derrota frente a Joe Biden. A la imagen de lo que sucede en los realities shows tan seguidos por miles de espectadores, el voto final provocó la salida de este showman de la tragicomedia que tuvieron que vivir millones de personas en Estados Unidos. Durante su mandato, el pésimo manejo que le dio a la pandemia, la violenta política anti-inmigrantes, su persistente denigración frente al sistema de salud para los más vulnerables y su política anti-ecológica fueron “amenizados” por constantes trinos y declaraciones que superan el sentido de la lógica y de la cordura. Sus aseveraciones son propias de un polémico participante en un Reality Show y no acordes a las de un mandatario presidencial. La negativa de aceptar su derrota son una última tentativa de agregar un episodio más a su show. 

Las políticas exteriores bilaterales y multilaterales habrían seguramente seguido la misma lógica en algunos casos, privilegiando convenios y acuerdos conservadores de corte neoliberal.

Afortunadamente ganaron los demócratas, ya que gracias a esto, aquella ficha rectangular que hubiera podido desencadenar un efecto dominó hacia la barbarie, fue contenida. Un efecto dominó hacia la exacerbación de la xenofobia, racismo, discriminación y vulneración de los derechos humanos; hacia el arraigamiento de una concepción reduccionista de la sociedad, en donde la diferencia es percibida como peligrosa y no como enriquecedora. Todo esto hubiera podido enraizarse significativamente, no sólo en los Estados Unidos, sino en países con poca fortaleza en protección de la democracia, derechos humanos y libertades individuales. Siendo el American way of life un referente para muchos, el surgimiento de una especie de mimetismo a la Trump hubiera podido ser desastroso. Hubiera podido provocar comportamientos contrarios a las nociones más básicas de la ética por parte de los partidos políticos de extrema derecha y las fracciones más reaccionarias de las sociedades. Desde luego, las políticas exteriores bilaterales y multilaterales habrían seguido la misma lógica en algunos casos, privilegiando convenios y acuerdos conservadores de corte neoliberal. 

Para algunos demócratas progresistas seguidores de Sanders, Biden puede no representar a cabalidad un progresismo conducente a la consolidación de sociedades con mayor justicia social, equidad y defensa de derechos fundamentales. Sin embargo, el hecho de que el partido demócrata haya ganado, produjo un gran suspiro de alivio frente al temor de un nuevo mandato de Trump. Por otro lado, Kamala Harris, compañera de fórmula vicepresidencial de Biden, exfiscal y exsenadora, de madre hindú y padre jamaicano, podría abrir nuevos horizontes dada su trayectoria política. Como senadora, apoyó políticas de corte progresista en torno a la salud, el sistema de impuestos y la situación de los inmigrantes y extranjeros indocumentados. Abogó, igualmente, por la legalización de la marihuana recreativa y la prohibición de las armas de asalto. Lo que está claro, es que su vicepresidencia representaría un giro importante frente al mandato anterior en lo relativo al proceso de empoderamiento de la mujer y de la comunidad afroamericana, dentro de una lógica de participación en las esferas políticas y espacios de poder dentro del Estado.

La protesta pacífica y la desobediencia civil se desplieguen con la genialidad de aquellas propulsadas por grandes líderes como Gandhi, Mandela y Martin Luther King. 

Recibí por parte de un amigo en las redes, un tríptico de imágenes que ponía de manifiesto, desde una perspectiva socio-histórica, el trazado del acontecer de la mujer afroamericana en Estados Unidos. La primera imagen hace alusión a Rosa Parks, mujer afroamericana que en 1955 se negó a ceder el asiento a un blanco y moverse a la parte trasera del autobús en Montgomery, Alabama. Fue llevada a prisión tras este suceso, y en respuesta a su encarcelamiento, Martin Luther King, cuando aún no era tan conocido, convocó a la población a que dejara de utilizar los autobuses. Tras 382 días de protesta, el sistema de transporte terminó con la segregación para evitar entrar en quiebra. Hermoso ejemplo de cómo la desobediencia civil pacífica al estilo de Gandhi puede suscitar cambios significativos frente al opresor. La segunda imagen es un cuadro del pintor Norman Rockwell, en donde cuatro agentes federales escoltan a la niña Ruby Bridges, que se dirigía a una escuela de estudiantes blancos en Nueva Orleans en medio de la muchedumbre que la insultaba y le tiraba tomates como se evidencia en la pared en donde, además, se ven grafitis racistas. En la tercera, aparece Kamala Harris caminando velozmente. Su sombra proyectada en la pared no es la de ella sino la de la niña Ruby Bridges. Aunque en tres imágenes es difícil sintetizar la riqueza, matices y vicisitudes del proceso de reivindicación de derechos, el tríptico habla por sí mismo: Rosa sat, so Ruby could walk, so Kamala could run. Rosa se sentó, para que Ruby pudiera caminar, y así, Kamala pudiera correr. La frase en inglés juega con el doble sentido de la palabra run que sugiere run for office in an election, es decir postularse como candidato en una elección y, en el caso de Kamala, ¡ser elegida! 

Con la victoria de los demócratas, y en especial con la llegada de una mujer afroamericana a la vicepresidencia de Estados Unidos, vientos de cambio progresistas siguen soplando en el continente americano, aunándose a aquellos que llevaron recientemente a la victoria de Luis Arce en Bolivia y, al final de la Constitución pinochetista en Chile. Esperemos que la calidez de su soplo siga impregnando las mentes y los corazones de todos aquellos que en el continente americano podemos, mediante nuestro voto, propulsar los cambios necesarios para construir una sociedad con mayor justicia social, ecológica y democrática. Y que además, la protesta pacífica y la desobediencia civil se desplieguen con la genialidad de aquellas propulsadas por grandes líderes como Gandhi, Mandela y Martin Luther King. 

Adriana Rodríguez M.

Analista política, Máster en Sociología política y política comparada de la Universidad París 10 Nanterre y Máster en Análisis de problemas políticos, económicos e internacionales contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia.

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