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Él es un violador, un asesino en serie y usted lo conoce

Claudia y Jineth son una mínima muestra de lo que ocurre en nuestra nación y hacen parte de esas 30 mil mujeres que cada 30 minutos se viola y violenta en nuestro territorio. Cerca de 10 mil son menores de edad. Nadie cree que habrá justicia. O quizás sí.

Violencia doméstica

Contra la violencia doméstica. Imagen de Mika Baumeister en Unsplash

Él violó a la periodista Claudia Morales, la responsable de Asuntos Internacionales de la Secretaría de Prensa durante el primer periodo presidencial de Álvaro Uribe Vélez, en un hotel estadounidense. Como Claudia no dijo el nombre, sino “huevo es y gallina lo pone”, todo el mundo empezó a apuntar en una sola dirección. 

Él, sí, el mismo. Lo mencionan como posible autor de la violación de la periodista, quien hace tres años, al ver el ejemplo de denuncias de valientes mujeres desde que empezó la campaña Me Too, y bajo una columna titulada “Una defensa del silencio”, escribió que Él, sí, el que usted está pensando, la acorraló en su habitación y abusó de ella. 

Sí, Él. Usted lo conoce. Lo ve todos los días cubierto de escándalos y denuncias dentro y fuera del país, pero a Él no lo toca nada ni nadie. Tiene todo el poder político, económico y militar para estar por encima de cualquier pretensión humana de acusarlo de algo y mucho menos condenarlo. 

El pasado lunes, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, condenó al Estado colombiano por el secuestro, violación y tortura por agentes del Estado a la también periodista Jineth Bedoya Lima. Se declaró “la responsabilidad internacional del Estado por la violación de derechos a las garantías, protección judicial e igualdad ante la ley por falta de debida diligencia a la hora de realizar las investigaciones sobre dichos hechos, el carácter discriminatorio por razón de género de dichas investigaciones y la violación del plazo razonable”, hecho aplicable a todos los casos de abusos sexuales en el país. 

En consecuencia, condena al Estado colombiano a seguir las investigaciones, garantizar la difusión del programa No es hora de callar, capacitar a las autoridades en cuestiones de violencia sexual y, sobre todo, crear un centro estatal de memoria y dignificación de todas las mujeres víctimas de violencia de género. 

El presidente Iván Duque salió a celebrar la condena. Aplaudo el entusiasmo presidencial y lo reto a no dejarlo hasta que Él sea desenmascarado totalmente y pague por su crimen. 

Daniel Mendoza dice que Él trató a Claudia Morales como a una vaca de sus haciendas. Y tal parece que así fue. Alguien tocó la puerta. Era Él, que le tapó la boca y la violó con la seguridad de un patrón feudal frente a sus siervas. Luego se fue con su familia a cenar. La víctima no ha dicho su nombre porque “que esa persona ha demostrado que nada de lo que ocurre a su alrededor le puede hacer daño y tiene todo el poder para salirse con la suya”. Y subraya que se ha callado porque Él es un hombre de alta peligrosidad. 

Claudia y Jineth son una mínima muestra de lo que ocurre en nuestra nación y hacen parte de esas 30 mil mujeres que cada 30 minutos se viola y violenta en nuestro territorio. Cerca de 10 mil son menores de edad. Nadie cree que habrá justicia. O quizás sí. Ejemplo raro es la condena a los 6 soldados a 16 años de prisión por violar en grupo a una niña de la comunidad indígena embera chamí. Pero el 98 por ciento del resto se queda en la impunidad. En esa misma impunidad que se sumergen las masacres de las últimas décadas, los asesinatos en masa de civiles no combatientes que han visto quebrantada su vida y esos familiares que ven violada diariamente su experiencia vital, su salud mental y su suerte. 

La CIDH ha condenado al Estado colombiano a investigar más a profundidad el caso Jineth Bedoya Lima y el presidente Iván Duque se ha enloquecido de fervor. Yo lo desafío a mantener ese alborozo y como buen colombiano a no rendirse hasta que Él, el violador de Claudia Morales, el que sabemos, pague por ello. De lo contrario, esa alegría presidencial no pasará de ser una “duqueada” más de las tantas a que nos tiene acostumbrados. 

Es verdad que a estas alturas ya no se podrá obtener pruebas forenses de esa violación. Y el silencio de la afectada complica las cosas. Pero revelar de una vez por todas el nombre no solo desataría una ola de solidaridad con Claudia y Jineth, sino un tsunami contra el autor de dicho crimen. ¿Sería posible ver a Iván Duque celebrando el destape de un violador en serie, que a la postre, se sospecha es su mismo patrón? 

La sentencia del CIDH le brinda a Él, a la justicia y a la sociedad, la oportunidad de hacer las paces con la historia, tan adulterada, violada y asesinada. Ese “centro oficial de memoria” debe empezar a funcionar sin la intromisión de la actual Fiscalía, Contraloría y demás órganos de poder comprometidos en la defensa del actual régimen. Debe ser un organismo independiente, sereno y dispuesto a garantizar la vida y la honra de todas aquellas personas que decidan dejar a un lado el derecho al silencio y se arriesguen a denunciar. La historia les dará la razón.

Periodista y escritor colombiano. Residenciado en Madrid, colabora con medios escritos y digitales de Latinoamérica y Europa. Autor de dos novelas, cuatro poemarios y dos libros de relatos. Conferencista en el Ateneo de Madrid.

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